TARTA DE CHOCLO, CEBOLLAS Y PANCETA CON MASA DE POLENTA

Cada tanto, cuando voy a la casa de mis padres (y cuando no tengo a alguna de mis hijas colgando de las piernas o pidiéndome cosas cada 3,55 segundos), me pongo a mirar libros de cocina de mi mamá. Lo que más me divierte ver son sus cuadernos de cuando era recién casada con recetas anotadas a mano, por ejemplo: «aspic de arvejas y zanahorias» (prefiero morir de hambre en una isla desierta si eso es lo único que hay de comer), «mondongo a la francesa» (y acá me pongo firme cuando digo que no debe haber francés sobre esta tierra que convierta el mondongo en algo disfrutable), o «pollo a la amarilla con alcauciles a la turca» (vaya uno a saber qué sera lo amarillo y cuánto de turco pueden tener esos pobres alcauciles).

No me olvido de sus cuentos de cuando era recién casada y quería cocinarle rico a mi padre cuando volvía de trabajar y «malcriarlo»… (supongo que eran otras épocas, porque hoy en día estos platos asegurarían el divorcio).

Me encanta leer libros de todo tipo, pero los libros de cocina son mi debilidad. Nada me gusta más que sentarme con un tecito y un lindo libro de cocina y mirarlo de a poco, mirando fotos, registrando recetas e ideas en mi «archivo mental» y aprendiendo de todo. Mis libros favoritos son los que tienen receta-foto-receta-foto-receta-foto… odio los libros con 84583 recetas y una o dos fotos en el centro del libro. ¿Así cómo vamos a poder inspirarnos o imaginarnos el resultado final?

De vez en cuando me compro algún libro y lo agrego a mi biblioteca gastronómica y los cuido como oro. ¡Peligra la vida de mis hijas si encuentro a alguna de ellas jugando con mis preciados libros! (bueno, capaz no tanto, pero un buen reto se llevan).

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A lo que voy es que el otro día me acordé de una receta que hice hace muchos años cuando todavía vivía con mis padres y que estaba segura que era de uno de esos libros de recetas de mi mamá. Busqué y busqué y ¡lo encontré!.Un librito chiquito, finito y sin gracia que no parecía tener mucha cosa interesante, pero que me terminó sorprendiendo.

Era una tarta lo que buscaba. Pero no una tarta común y corriente, sino que la base, es decir «la masa», no es con harina común sino con polenta. La idea me encantó cuando la hice hace años y cuando volví a hacerla para el blog, comprobé el por qué.

Es original, libre de TACC y el relleno es riquísimo (aunque modifiqué la receta original con algún toque mío).

Prueben hacerla ya que es fácil, lleva ingredientes simples y tiene un sabor increíble.

Receta (rinde 8-10 porciones):

Masa:

2 tazas de agua

1 taza de polenta instantánea

1/2 cucharadita de sal

Relleno:

1 cucharada de aceite de oliva

1 cebolla grande

100 grs panceta

300 grs choclo congelado (lo dejan descongelar a temperatura ambiente y lo usan así como está) o de lata

1 taza de queso crema blanco (puede ser queso crema entero, light o bien se puede usar crema doble o leche entera)

4 huevos

2 cucharadas llenas de queso rallado

1 puñado de tomillo fresco (u otra hierba que quieran o tengan)

Sal y Pimienta

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Primero enmantecar o aceitar un molde de tarta o de torta (en lo posible desmontable para desmoldar más fácilmente la tarta). Yo usé un molde desmontable de torta de 22cm de diámetro y paredes altas, pero pueden hacerla en un molde de tarta cualquiera.

Precalentar horno a 180°C (horno medio).

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Luego hacemos la polenta:

Poner a hervir el agua con la sal y agregar la polenta en forma de lluvia revolviendo rápido para que no se formen grumos y quede suave (unos 3-4 minutos).

 

Dejar enfriar unos minutos, revolviendo para enfriar más rápido.

Colocar la polenta en el molde mientras sigue algo caliente. Es más fácil de esparcir así. Si llegara a sonar el teléfono, les llega un whatsapp que TIENEN que contestar o la vecina les tocó timbre para pedirles una tacita de azúcar (¿existirá eso todavía? jaja), vuelvan a poner la polenta al fuego con un poco de agua caliente hasta que esté nuevamente blanda.

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Colocan un bowl con agua donde van a trabajar y empiezan a esparcir la polenta con las manos, desde adentro hacia afuera y luego hacia arriba por los bordes del molde, intentando que quede bien parejo. Van a tener que mojarse los dedos varias veces para que no se les pegue la polenta a las manos (o sino pueden colocar film por encima y apretar sin tener contacto con la polenta, así no se les pega a las manos. ¡Gracias amiga Flopy por tan buen consejo! siempre son bienvenidos los tips para mejorar y hacer más fáciles las tareas).

 

Ahora suben la masa hacia los bordes.

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Listo ¡perfecto! Pronta para ir al horno (mi borde medía aprox. 4 – 5 cm de alto y 2-3 mm de espesor).

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Llevar al horno por 10 – 15 minutos hasta que esté apenas dorada (no se pasen de horno porque se empieza a resquebrajar y se seca demasiado). Retirar y apagar el horno.

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Para el relleno:

Cortar la cebolla en rebanadas finitas (pluma),

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y la panceta en trocitos

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Calentar en una olla el aceite de oliva y saltear la cebolla hasta que esté dorada; agregar la panceta hasta dorar.

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Precalentar nuevamente el horno a 170 – 180°C (horno medio).

Pasar esta mezcla a un bowl y agregar el queso crema,

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Los 4 huevos (si ya se, en la foto claramente hay 3, pero al terminar la mezcla me dí cuenta que le faltaba 1 huevo o lo agregué al final),

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el choclo (o maíz) y el tomillo,

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y el queso rallado.

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Mezclar bien,

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y colocar dentro de la masa ya cocida.

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Llevar al horno por aprox. 35 – 40 minutos o hasta que toquen el centro y este firme.

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Dejar enfriar unos 5 – 10 minutos y pasar un cuchillo por el borde para que se despegue la masa del borde.

Desmoldar con mucho cuidado.

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¡Y a comer!

 

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